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4. ¿Se deben enfriar los vinos?

 

Todos los vinos, incluidos los tintos, se deben enfriar si no se encuentran a su temperatura de consumo.

La frase: "los vinos se deben beber a temperatura ambiente" es uno de los males que ha perseguido al vino y que más daño ha hecho al vino y a su elaborador. Esto ha supuesto beber el vino muy por encima de su temperatura aconsejable. Esa diferencia de temperatura es beber un vino distinto ya que incide en su aroma, su sabor y su tacto.

Para enfriar los vinos, si no se tiene un armario climatizado, el método más aconsejable es el de la cubitera con hielo y agua, ya que el agua con hielos es un buen conductor del frío.

 A mayor temperatura los aromas se evaporan con mayor rapidez, tanto los recogidos por vía directa (nasales) como los absorbidos por vía indirecta (retronasales), ya que la temperatura del vino en el interior de la boca aumenta de 2 a 5º C en cinco segundos. También a mayor temperatura aumentan los sabores ácidos. A menor temperatura iremos eliminando su capacidad olfativa y notaremos en exceso su cuerpo, y la astringencia provocada por los taninos.

El frescor modera las sensaciones ácidas, los excesos de azúcar y la fuerza alcohólica. Por el contrario, el calor exalta todas estas sensaciones y modera el amargor de los taninos. De esta norma también se deduce que los vinos tánicos necesitarán más temperatura y, por el contrario, los que son más ácidos deberán servirse más bien frescos.

 

En líneas generales las temperaturas idóneas son:

Blancos dulces entre 4º y 7 º C.

Blancos jóvenes secos entre 6º y 8º C.

Blancos criados o fermentados en barrica entre 9º y 12º C.

Rosados entre 9º y 12 º C.

Tintos jóvenes entre 12º y 15º C.

Tintos de crianza (ligeros) entre 15º C y 17º C.

Tintos reserva y gran reserva entre 16º y 18º C.  


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